Los bodegueros de Valle de La Pascua

Durante mucho tiempo trabajó con Antonio Ortuño de quien aprendió el arte del comercio, vendiendo maíz pilado y granos, entre otras cosas.


Se independizó e inició su propio negocio, modestamente, pero siempre creciendo como se lo ha propuesto a lo largo de estos años. Desde hace cuarenta y ocho años está instalado en la esquina de “Las Iguanitas”, calle Camaleones cruce con Calle Las Flores en La Pascua.


Nos dice “Pancho”, que José Flores fue su empleado cuando montó el bar al lado de “Comercial Tío Pancho”. Por una serie de razones no le podía atender y se lo vendió a Flores, quién lo atendió hasta el final, con el nombre de Bar Flores. Pancho también incursionó en el negocio de las licorerías, abriendo una en la esquina de “Pénjamo”, donde hoy funciona el Banco República.


Poco duró con este negocio, pues no era hombre para esos menesteres, dedicándose exclusivamente a Inversiones Gómez C.A. y a su actividad agropecuaria. Mientras conversábamos con Pancho Gómez éramos interrumpidos por los clientes que solicitaban: “un kilo de cemento gris” “unos ramplús con tornillos tirafondos” y otro pedía “un machete cacha roja”, otro, unas “cápsulas para escopeta”. Después de varias interrupciones terminamos la entrevista; le indicó a su nieto Omar que nos abriera la reja para salir. Pancho también está enrejado porque al igual que la mayoría de los comerciantes, ha sido víctima de la delincuencia.

En la misma esquina donde hace años atrás el señor Felipe Pérez tuvo su bodega, visitamos a Crispín en su bodega “La Revancha” en la calle Manapire cruce con la Calle Leonardo Infante.


Lo encontramos con su acostumbrada guardacamisa; pero al llegar el fotógrafo Magallanes y yo, se colocó su camisa para recibirnos e iniciar la conversación. Nos cuenta Crispín que desde hace veintiséis años se encuentra en ese sitio. Anteriormente estuvo durante veinte años en la Calle Deleite con 5 de Julio, lo que da un total de cuarenta y seis años en el oficio de bodeguero.


Nos dice Crispín que esos mismos años los tiene de casado con doña Gladys Celestina Figuera, con quien tuvo ocho hijos, seis hembras y dos varones, todos criados con la bodega. También nos informa Crispín, que el local de la bodega le pertenece a otro conocido comerciante vallepascuense, como lo es nuestro amigo Pedro Paraco.


La residencia de Crispín Flores está en la esquina del frente, donde tiene una distribución de gas doméstico que le atiende una de sus hijas. Actualmente se encuentra construyendo un local de tres plantas al lado de Radiadores Pelón. Flores manifiesta su intención de seguir por muchos años más en este oficio, a pesar de la inseguridad (lo han robado varias veces).


Nos despedimos de Crispín Flores, dejándolo “preso” tras la reja de su bodega “La Revancha”.

Mientras regresaba de estas entrevistas me preguntaba para mis adentros. ¿Qué sería de este país si la mayoría de quienes aquí vivimos y trabajamos tuviéramos la iniciativa, la pujanza y la constancia de estos hombres, que aún después de tantos años de esfuerzos, esperan seguir trabajando y sirviendo de instrumento de transformación de su pueblo.


Pensaba también en las bodegueros o pulperos con quien tuve mayor relación: Ángel María Mota y Ramón “Cabuya” Díaz en la esquina de Las Flores c/c La Mascota; Rafael Toro y José “Guabina” López en la esquina de El Martillo; Agustín Loreto y Rito Quereigüa en la esquina Shettino c/c Las Flores; Amparito Gota en la Atascosa c/c Camaleones; mi apreciado y siempre recordado Félix Ledezma “El Ñerito” en la calle Camaleones con Roble, de él guardo gratos recuerdos y agradecimiento. Siempre me fiaba el almuerzo, que consistía en medio litro de leche y medio de cambur.

Estamos conscientes, que en este trabajo faltan muchos nombres de pulperos y bodegueros vallepascuense que merecen nuestro reconocimiento, al igual que los que aquí aparecen; pero lo que hemos querido hacer a través de ellos, es un homenaje, un recuerdo, un cariño a todas estas personas que han pasado a ser parte de las vivencias, de la historia personal de cada uno de nosotros, los que tuvimos la dicha de conocerlos y que espero sepan recordarlos, con alegría y con respeto.

Crispín Flores

Nos dice Crispín que esos mismos años los tiene de casado con doña Gladys Celestina Figuera, con quien tuvo ocho hijos, seis hembras y dos varones, todos criados con la bodega. También nos informa Crispín, que el local de la bodega le pertenece a otro conocido comerciante vallepascuense, como lo es nuestro amigo Pedro Paraco.


La residencia de Crispín Flores está en la esquina del frente, donde tiene una distribución de gas doméstico que le atiende una de sus hijas. Actualmente se encuentra construyendo un local de tres plantas al lado de Radiadores Pelón. Flores manifiesta su intención de seguir por muchos años más en este oficio, a pesar de la inseguridad (lo han robado varias veces).


Nos despedimos de Crispín Flores, dejándolo “preso” tras la reja de su bodega “La Revancha”.

Mientras regresaba de estas entrevistas me preguntaba para mis adentros. ¿Qué sería de este país si la mayoría de quienes aquí vivimos y trabajamos tuviéramos la iniciativa, la pujanza y la constancia de estos hombres, que aún después de tantos años de esfuerzos, esperan seguir trabajando y sirviendo de instrumento de transformación de su pueblo.


Pensaba también en las bodegueros o pulperos con quien tuve mayor relación: Ángel María Mota y Ramón “Cabuya” Díaz en la esquina de Las Flores c/c La Mascota; Rafael Toro y José “Guabina” López en la esquina de El Martillo; Agustín Loreto y Rito Quereigüa en la esquina Shettino c/c Las Flores; Amparito Gota en la Atascosa c/c Camaleones; mi apreciado y siempre recordado Félix Ledezma “El Ñerito” en la calle Camaleones con Roble, de él guardo gratos recuerdos y agradecimiento. Siempre me fiaba el almuerzo, que consistía en medio litro de leche y medio de cambur.

Estamos conscientes, que en este trabajo faltan muchos nombres de pulperos y bodegueros vallepascuense que merecen nuestro reconocimiento, al igual que los que aquí aparecen; pero lo que hemos querido hacer a través de ellos, es un homenaje, un recuerdo, un cariño a todas estas personas que han pasado a ser parte de las vivencias, de la historia personal de cada uno de nosotros, los que tuvimos la dicha de conocerlos y que espero sepan recordarlos, con alegría y con respeto.

* Escrito por  el profesor Héctor Ortega hace 8 años y se publicó en El Reportero.Fue tomado del facebook del periodista Misael Flores . 

Héctor Ortega

hector-ortega@hotmail.com

FUENTE/ El Tubazo Digital en la Sección Gente de Mi pueblo.- ( VLP NOTICIAS) 5-4-2026


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